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Amar el temario de la oposición
9 Jul 2020

Amar el temario de la oposición

Se me ocurrió escribir esta entrada al blog al leer el subtítulo del libro de Francisco Mora, «Neuroeducación», «solo se aprende aquello que se ama». ¿Podemos inferir que tenemos que amar el temario de la oposición para aprenderlo? Veamos…

Lo primero que deberíamos tener cuando decidimos opositar para la docencia es vocación. ¡Amar la profesión! Si tienes claro que es a lo que te quieres dedicar, será mucho más fácil afrontar el camino hacia la plaza.

Francisco Mora nos recomienda programar la alegría, trabajar con emoción. ¿Es esto posible? Repasa las ideas que te aporta Carlos Hevia-Aza en esta otra entrada del blog

Las ganas te pondrán en acción y la curiosidad te permitirá afrontar el estudio desde otra perspectiva. Para evitar que aparezca el demoledor aburrimiento puedes:

  • Partir de tus conocimientos previos.
  • Plantearte cual va a ser la utilidad del estudio del tema para tu trabajo como docente.
  • Relacionar la teoría con la práctica. Haz supuestos prácticos relacionados con cada tema y aprovecha todos los conocimientos que adquieras para crear unidades didácticas y mejorar tu programación.
  • Buscar otros posibles planteamientos y las ideas de otros temas.
  • Potenciar el estudio relacional.
  • Ver vídeos y charlas. Hay personas —como es mi caso— que no tienen facilidad para la memorización de textos escritos. Combinar el estudio más tradicional con otras formas de acceder al conocimiento más propias del siglo XXI.
  • Manejar la bibliografía de forma activa. No se trata solo de recordar nombres y fechas. Ponerles cara y escucharles te facilitará mucho utilizar las referencias.

Quiero finalizar afirmando: ¡Hay que amar al tribunal! No espero que toméis esta exclamación al pie de la letra. ¡Busco sorprender para fomentar la reflexión! Para convencer a las personas que te están escuchando tienes que sentir un aprecio genuino por ellas. Lo más frecuente es criticar al tribunal y quejarse de su «supuesta» actitud y su falta de capacidad. Este pensamiento sólo conseguirá modificar la forma en la que suene nuestro mensaje y dificultará mucho que conectemos con los que nos tienen que valorar y calificar. Nuestro gesto puede volverse serio, distante e, incluso, pedante. Y… ¡no nos daremos ni cuenta! Tu subconsciente te puede traicionar. No te lo puedes permitir.

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