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Coeducación e igualdad: la mirada de un docente a un asunto indecente
17 Sep 2019

Coeducación e igualdad: mirada de un docente a un asunto indecente

¿A que es sencillo? Hombres y mujeres con los mismos derechos y oportunidades.

Pues no lo es tanto, ya que el entorno no siempre ayuda.

No me refiero a los grandes protagonistas de nuestra cultura mediática, la prensa deportiva y la telerrealidad. Me refiero a un peligro más sutil.

Es verdad que, en el deporte, además de considerar la mujer como elemento decorativo —entrega de premios—, se invisibiliza su práctica deportiva.

Y también lo es que en los realities hoy se difunde la necesidad de que la mujer se ajuste a un físico establecido y se transmite que hay comportamientos diferentes para hombres y mujeres…

Estos son problemas que se ven bien y se pueden combatir con cierta facilidad, pero el verdadero problema, y el más indecente, es el de los “negacionistas” que, escudándose en tópicos del tipo “hombres y mujeres son diferentes: hormonas, ritmos biológicos de crecimiento…”, argumentan con tópicos y datos desenfocados que no existe problema alguno, que todo es una invención de feministas y de algún aprovechado que quiere vivir del cuento.

Al negar el problema se niega cualquier necesidad de actuación.

Mi respuesta para ellos es ¡por supuesto que no somos iguales! De hecho, la igualdad no es el objetivo sino la equivalencia. Hablamos de igualdad de oportunidades y de derechos.

Claro que las leyes les dan los mismos derechos, estaría bueno. Pero… ¿y la sociedad?

La coeducación no es un invento actual. En la II República (1931) se decía que la educación pública debe atender conjuntamente a los alumnos de uno y otro sexo, haciendo de la coeducación un principio pedagógico. Sin embargo, con el período franquista esta idea se olvidó pues, en toda evolución, se producen penosos movimientos de involución. Los objetivos educativos del franquismo que durante tantos años presidieron la educación hablaban de «valores femeninos» como la gracia, la intuición, la fragilidad, la belleza, el espíritu de sacrificio, la sumisión, la docilidad, la renuncia en función del marido y los hijos/as…

Eso ha dejado un poso y, aunque la situación ha cambiado mucho y la LOMCE incorpora la coeducación como elemento transversal, somos los docentes los que hemos de actuar y llevar a nuestras aulas acciones reales y concretas.

Seamos agentes activos de cambio.

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