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Cuando no sacar la plaza puede ser lo mejor que te puede ocurrir
17 Sep 2020

Cuando no sacar la plaza puede ser lo mejor

Es septiembre. Si estás leyendo esto es porque, como mínimo, tienes interés en las oposiciones, pensando en prepararlas o ya decidido para ello, ¿quién sabe? Seguro que estás echando una ojeada a diferentes academias o preparadores que inundan las redes con mensajes de éxito, autoayuda y superación. Todo eso está muy bien… pero déjame que te cuente una historia.

Yo fui un opositor igual que tu, igual que cualquier preparador. Tuve mis historias de amor y odio con las diferentes convocatorias, donde a veces la suerte, otras los nervios o mi propio compromiso personal no me hicieron brillar al nivel de la plaza. Sin embargo hubo una convocatoria en la que sí lo hice. Con cada examen me venía a más, como la selección que se sabe que va a ganar el mundial o ese ciclista imparable que se ve triunfador en los Campos Eliseos. ¿Mi nota? 9,98. Y no saqué la plaza.

No saqué la plaza por una jugarreta de los puntos en la fase de concurso. Un pequeño cambio en el baremo y… fuera de concurso. Todo el mundo me felicitó y me animó para la siguiente porque si brille una vez, ¿por qué no brillar de nuevo? Lamentablemente poca gente aquel año era consciente de mi compromiso, constancia, nivel de trabajo diario… Una mezcla perfecta con la dosis de experiencia justa para ser un opositor killer.

Pasaron los años y el mundo entero, pero en concreto nuestro país, fue golpeado por una crisis de una magnitud que mi generación no había conocido. La docencia no fue una excepción y fueron épocas de recortes, esfuerzo del profesorado y, por supuesto, nada de oposiciones. Estaba por encima de nuestras posibilidades, dicen…

Pero lo que para muchos fue una crisis, para mi fue una oportunidad. La de poder trabajar en un país que no vivía la crisis tan de cerca, y que seguía a su ritmo. No desaproveché la oportunidad y me fui a vivir y a trabajar de profesor a Estados Unidos. Lleno de miedos e inquietudes pero también de ilusión. La misma que había experimentado en 2008 cuando hacía aquellos exámenes que me salían tan redondos. Aquella experiencia resultó ser para mi una experiencia vital. Algo que me cambio —espero que para bien— como docente, y un poco como persona también. Es inevitable.

Pasa el tiempo y me vuelvo a presentar a la oposición. Pero esta vez sin miedos, sin inquietud, sin presión. Tenía otras metas y me había dado cuenta de lo grande que era el mundo. ¿Mi nota? Un 9. Número 1 de mi tribunal y plaza. Había preparado la oposición, por supuesto que sí, pero de una forma madura, pausada y disfrutando de cada contenido que pude llevar preparado.

Ahora me gustaría que vuelvas a leer el título de este artículo. Este año habrá oposiciones. Ojalá saques la plaza… Pero si eso no ocurre, tranquilidad… Lo mejor está por venir.

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