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27 May 2024

Sistemas Complejos (y III)

No te engañes; no nos engañemos; no les engañes; el factor más importante de la educación eres tú.

No te engañes; no nos engañemos.

Ahora vamos a lo que te interesa, a lo concreto, a lo que te afecta en este oficio; lo que explica, en parte, por qué hay docentes que sufren habitualmente en el aula y, sin embargo, otros parecen fluir..

Cierras la puerta del aula, empiezas tu clase y estás tú, sólo tú, ante tu alumnado; esto es “bueno” por el hecho en sí: tu figura aún no es prescindible (por ahora); vale, ¿y ahora qué? Tú entiendes que los tienes que llevar a un sitio diferente, más comprometido, más elevado, más ilustrado, más cooperativo, más autónomo, más responsable, más consciente, de mayor libertad a la hora de exigir sus derechos y de mayor responsabilidad a la hora de cumplir con sus deberes y ejercer sus libertades, etc, etc, pero los ves con la mochila cargada de carencias y problemas de otros Sistemas Complejos (en adelante, SC) y una idea recorre tu mente “esto no es de aquí, viene de fuera, no es mi problema”, como reflejábamos en el anterior artículo; ¿qué haces?, ¿te rindes? Ni hablar, te sentaste a la mesa y no te queda otra que jugar a este juego, con estas reglas y, aunque con varias cartas marcadas (injusticia social y escolar, que nos lleva a segregación educativa, y que a su vez nos lleva a centros educativos con más carga de asistencia social que educativa y escolar, y con más horas de oficinista que de docente, etc, etc…) y con más cartas desconocidas aún en el mazo (recuerda: SC), te toca remangarte y compensar; sí, compensar. Y, cuidado, no nos engañemos: tener apariencia de control del aula con normativas hiperestrictas y llevar las interacciones a valores cercanos a cero, o pretender que suceda lo mismo y de la misma forma en grupos diferentes, ni es fluir ni es tener cierto dominio del SC “aula”: es simplemente renunciar a ejercer la educación en general y la docencia en particular, abstenerse de recorrer las infinitas posibilidades (y riesgos) de que se comporte como tal, como SC, rico, y, en consecuencia, con aprendizaje auténtico de cara a los futuros SC “sociedad X”, “cooperativa Y” o “equipo Z” en los que convivirá tu alumnado en el futuro.

No les engañes.

No, no es la enésima Ley Educativa (afortunadamente); no, no es la última metodología de moda gaming flipping lerding inverter megaplus (afortunadamente); lo más determinante en la eficiencia de un sistema educativo (mientras todo lo demás siga sin  cambiar; recuerda: los aleteos de las mariposas del resto de SC que deberían beneficiar a tu alumnado) seguimos siendo los/as docentes; y aquí viene lo mejor: lo más importante en la educación de tu alumnado sigues siendo tú; casi nada.

Y ya sé lo que estás pensando mientras notas cierto cosquilleo en la nuca al leer la anterior frase: que las leyes mandan, que los currículos acotan, que las ratios influyen, que la injusticia social es clamorosa, que los Servicios Sociales están desbordados, que el recorte en Humanidades ya está pasando factura, que la inequidad de nuestro Sistema Educativo es una losa, que tu alumnado vulnerable necesita más conciliación familiar, que te han enterrado en burocracia, etc, etc; y tienes razón; y más arriba argumenté en ese sentido. Pero no puedes ni debes escudarte en ello: tú sigues siendo la piedra angular; para lo bueno y para lo malo: tú decides, en el aula, si quieres dedicarte a apuntalar su indefensión aprendida y encogerte de hombros ante sus peores presagios, o a ayudarles a jugar sus cartas; porque aún puedes, a pesar de la penúltima vuelta de tuerca al profesorado por parte de las Administraciones Educativas. Tú decides ser, en palabras de Joan Vaello, ser profe “flojo” o “potente”. Apoyándote en la ciencia y practicando una educación basada en evidencias (hay no pocos artículos de investigación con los que te llevarías más de una sorpresa), debes preparar tus clases con rigor, método y fundamento; ello te permitirá ser honesto con tu alumnado.

La educación de tu alumnado es la tarea más compleja, sofisticada y extremadamente difícil que haya podido llevar a cabo ningún ser humano; y de una responsabilidad colosal; pero de una gratificación inmensa. Y, tanto ante el tribunal como ante tu alumnado, tienes que presentarte con una sola misión: educar; y no sólo “educar”, sino educar con todas las preposiciones que puedas incluir acompañando a la palabra educar; y tu forma de hacerlo, es y debe ser tuya, única, “permanentemente provisional”, circular, adaptativa, flexible, dinámica, personal y en continua revisión por tu parte. Y seguir intentando que, ahora a la inversa, y con tus alumnos/as como elementos del SC “aula”, con su aleteo provoquen cambios en otros SC: “Un niño, un profesor, un libro, y un lápiz pueden cambiar el mundo” (Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014).

Por mi parte, como profesor de secundaria, y parafraseando a Alden Nowland, les sigo acompañando desde ese día en que se dan cuenta de lo imperfectos que somos los adultos (en su adolescencia) hasta aquél en el que nos perdonan (en su adultez). Y ahí les despido, deseándoles que en el futuro aprendan a perdonarse a sí mismos.

Boa viaxebicos e apertas.

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